El pueblo del libro

miércoles, mayo 22, 2019

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Con el incendio a Notre Dame no se quema la cultura. No se va con las llamas su legado. Es cierto: hay una pérdida inmaterial que es difícil definir en palabras, en especial para quienes minimizan todo a un discurso de religión. Con Notre Dame se fue una forma en que se concebía a Dios; un microespacio que luchaba por descifrar lo intangible, una especie de Dios más allá de unas cuatro paredes, como intentando no encerrar al infinito en la finitud. Pero ya no estará todo. Sí, se reconstruirá porque el fin siempre es el hombre, y es este quien reescribirá una historia para las generaciones posteriores. Se dirá, con el paso de las décadas, que en 2019 se quemó Notre Dame, pero que eso no acabó con la existencia humana, ni con el signo que suponía la catedral; su ardor de llamas será parte de lo mismo: que el hombre cuente una nueva forma de ser. El mundo al que este representa no se detuvo ni se detendrá con las llamas. Es una pérdida dolorosa pero las manecillas del reloj avanzan sin cuestionar a quienes dejan atrás.

Es difícil creer que todo se encierra allí. Hay quienes piensan que el mundo se detiene por estas cosas. Hay quienes suponen que los signos son las cosas, ignorando que son eso: signos de algo que representan ─que me excusen el pleonasmo que parece─.

Me puse a pensar en las palabras premonitorias de Hebreos 8:10-11, tomadas de una profecía que Jeremías dijo algunos siglos antes. En este texto se habla de un nuevo pacto, lo que supone, por deducción simple, el fin de algún anterior: una vieja alianza dentro del imaginario colectivo. Pero he dicho que es premonitoria para nosotros ─quizás lo fue para los despistados escritores del texto del Nuevo Testamento, quienes (supongo) no tenían intención de que sus relatos tuvieran trascendencia más allá de su contexto─ porque revela una voz que le dan a Dios para expresar: «Pondré las leyes en sus mentes; las escribiré en sus corazones». Es decir, que el escritor reconocía ─paradójicamente mientras escribía─ que Dios anulaba un pacto anterior ─escrito en piedras─ para ponerla en la mente y corazón de la gente. Es como una contradicción donde lo escrito quitaría lo escrito para que hiciera habitación dentro de la razón y sentimientos de las personas.

RUEGO DE LA OVEJA PERDIDA

sábado, junio 09, 2018

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«De esforzar tus palabras, tu amor, ¿para qué? Si aun así te vas».
Canción desesperada

Porque bajo la promesa de sus palabras, yo esperé. Esperé en medio del valle de muerte y esperé en alguna que otra pradera. “Nada me faltaría”, dije pensando en el buen pastor que daba su vida por mí; el buen pastor que deja a las 99 y va a mi encuentro. Quien adereza mesa delante de mí en la cara de mis angustiadores.

Porque yo me creí esa una que huye, se pierde, se descarrila del camino, y espera a que el pastor llegue a su encuentro. Yo me identifiqué como esa una extraviada del redil y que caminó sin rumbo fijo… y ahora espero que el pastor me busque como dijo que lo haría.

Yo he sido esa una restante por el que Él va al encuentro.

Pero no lo veo ni en el horizonte, ni en la cercanía, ni en las estaciones de la vida, ni en la aurora diaria. No lo veo aunque lo espero, no lo veo a lo lejos, detrás de un árbol, esperando el asalto para la sorpresa de que siempre ha estado allí. No lo veo bajo el cielo donde todo es nuevo bajo él. Mis ojos no lo ven escalando las montañas que nos separan, ni el muro que prometió derrumbar.

Pero me he puesto a pensar que tal vez no sea esa una oveja que se pierde, sino que estoy entre esa multitud de noventa y nueve que no parecen darse cuenta de que algo falta. ¿Y si estoy entre esas 99 y por eso no ha venido a mi mirada? ¿Dónde estás, Pastor de las 99? Dejaste a las 99 por buscar una. Aquí estoy, aquí estamos, unos juntos a otros, hombros con hombros. Nos creemos seguros sin ti, hasta que nos damos cuenta de tu ausencia. ¿Con quién nos dejaste para buscar a la que falta? ¿Por qué no nos llevaste contigo? ¿Dónde estás cuando no estás?*




*Valzura, E. 

ADVERSARIO

martes, agosto 22, 2017

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Pensar en un mundo espiritual... Me cuesta tanto entenderlo y comprenderlo.
A pesar de ser Teóloga, siempre he tenido la idea de que solamente existe el lado del bien, ese lado bueno de Dios donde todo está plagado de cánticos, de alabanzas y de paz.
Nunca me he imaginado el lugar opuesto, el negativo; del que pocos nos atrevemos a hablar. En mi posición, siempre le he visto el lado bueno a la humanidad y pienso que no hay nivel de maldad cercano a mí por el tipo de personas que me rodean, que siempre tienen una buena intención y que los caracteriza la confianza que depositan en la creencia de que hay aun en este mundo un ápice de bondad. Por esta razón me cuesta entender el lado del adversario, del malo, del que quiere dañar.

Refiriéndome a mi experiencia de vida, siempre tuve a mi lado una madre que me hizo ver a Dios como el padre bondadoso y no castigador, que me mostró el lado más sublime del propósito del existir de este mundo, pero que a su vez me enseñó el escepticismo para mirar el lado espiritual negativo; siempre me dio una idea de que el mal habita en los sentimientos oscuros de algunos seres humanos, pero que esto nunca se materializaba en forma de fantasmas o duendes de cuento. Ahora que he tenido que comerme una cantidad de información teológica, de estudiar tanto para llegar a entender un poco este rollo largo que es Dios, la espiritualidad y la humanidad;  jugando un papel que proyecta el fin por el cual se creó la vida, he llegado a la conclusión de que detrás de este telón que es el batallar diario en esta tierra, sí hay un hoyo negro que quiere succionar la espiritualidad positiva.

Y la ciencia, ¿Lo avala la ciencia? Lo desconoce la ciencia. ¿Y la religión? Muchas también lo niegan o lo transforman el algo más lógico. En mi caso, mi creencia desconoce un 70% de ese lado sobrenatural negativo que tiene todo este cuento en donde mal y bien pelean teniendo al ser humano en medio.

Aunque he preferido creer en ese ápice de bondad terrenal en la que creen los míos, no puedo desconocer que algo negativo ejerce poder en el mundo y en la humanidad. Prefiero seguirle dando la espalda a ese pasadizo oculto que quiere descubrir la teología liberal. Quiero creer en que las nuevas generaciones van a tener una mentalidad más consciente frente al cuidado de la vida desde todo punto de vista; tengo la confianza de que ahora hay personas tan buenas como lo fue mi abuela, que hay mujeres tan entregadas e intachables como mi madre y que hay hombres honestos que quieren gobernar con equidad y que no quieren hacer la guerra. Que la maldad es un cuento de hadas y que quiero mimetizar esa forma sagrada que mi madre me inculcó al verla cómo respetaba la integridad de las personas a su alrededor. Quiero ser mejor, quiero ser ese ser humano que no se autodestruye y que entiende que en algún lugar del universo hay un creador que me hizo para el buen propósito de entregar luz.

 “Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación.” 
 Habacuc 3:17-18  Biblia Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Lejos donde caen los valientes

domingo, octubre 16, 2016

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Me había dicho que la vida le dolía: “me duele la vida”, fueron sus palabras, queridos amigos, y sé qué es que la vida duela. Y duele porque se nos agotaron las esperanzas sobre el nochero. Se nos inundó el cuarto de las aguas de la ausencia. Sí, porque fue una Ausencia lo que se aproximó; es una especie de Dios que se aísla y que se manifiesta con Presenciasausenciaspresencias. La vida le duele. Y también le arde. Le arde abrasada por las sin respuestas del Más Allá; le arde sobre el tejado de los porqué; encima de los dolores naturales de las enfermedades. Le arde y no hemos encontrado la cura para la quemada vacía.

Amigos, a mi amigo le duele la vida. Y no es algo que hemos podido superar. A él le duele, a mí, al resto, a los demás. Nos duele porque no nos alcanzó el versículo memorizado para pelear en contra de las sinrazones. Y nos duele, mucho más, con las esperanzas falsas que nos vendieron que no pretendían mostrarnos a Jesús.

Porque a este Jesús, estimados, también le dolió su vida sobre el Jardín hacia la Muerte. Un llanto seco de “pasa de mí esta copa”, mientras caían las lágrimas de sangre desde la frente. Y no han pasado las copas del sufrimiento por existir, ni allá lejos, donde caen los valientes y los cobardes, ni aquí, donde el interior se debate entre la vida y la muerte.

"Me duele la vida", me dijo una vez, y no tuve respuestas, ni humanas ni teológicas para consolar lo inconsolable: una vida que duele.

"Me duele la vida", y no sé cómo se hace para que la gente no le duela los pasos sobre el camino.


"Me duele la vida", y yo lo entiendo porque sé qué es eso, en mi vida, en las calurosas mañanas de Barranquilla.

Esa sombra de vida que me ilumina la vida (I)

miércoles, julio 29, 2015

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Nos tocó una religión violenta. Algo así te dije, mi amigo: nos tocó lidiar con una religión que asumía un dios inconcluso y amador de sangre derramada. Sí, ya sé que en otro tiempo, amigo amarronado, pude creer estas verdades; incluso, afirmé con vehemencia su irrefutable certeza. Sí, ya sé también, mormón extraviado, que por años se enseñó eso, porque nos era más fácil para todos asumir una paga por los errores que comentemos.

Es por ello, acompañador de perros calientes, que ese día, en aquel bus de regreso a casa –y no a la realidad-, te dije que los “cristianos” parecían que le hicieran un culto a la sangre, a la violencia, a la venganza y a la guerra. Y yo te dije, con cortas palabras, que no creo que ese sea el dios de Jesús: ése es el dios de la religión que nos enseñaron.

Porque sí y, por supuesto: la visión de los hagiógrafos no es, por regla simple, lo que es Dios. Ya se me juzgará de juzgar la autenticidad de la inspiración divina. Y te diré que, en la penumbra de mi tormenta, en el silencio de los pájaros en el día y en la lluvia que cae sobre mi mente, poco o nada me importa los ataques religiososangrientos de los demás. Sin temor a dudas, el dios de las venganzas y las muertes no es el dios de Jesús.

Y es que, estimado hermano mayor del Chimila1, el centro de nuestra predicación ha sido la cruz: ese pedazo de madera manchada por la sangre, pero donde se resaltó la muerte sobre la vida: Un dios que venga mis fracasos sobre la muerte de un inocente. Un dios que se separa de sí mismo para vengar mis pecados. Un dios anunciado desde Sinaí que es intolerante, intransigente, vengativo, castigador e, incluso, malvado para alguien como yo.

Nos tocó una religión que resalta más la muerte del inocente, y que, por más que quiera, al anunciar que han sido pagados mis errores, me los tiran en cara todo el tiempo, me golpean con ellos, me asustan debajo de la sábana, me vomitan sin piedad, me sentencian mi injusticia, me arropan con la muerte. Una religión que no es, ni tiene que ver con Jesús.

Jesús, por el contrario, vivió para vivir, si me permite decirlo, otrora amado compañero de gimnasio. Vivió para dar vida, y para resaltar la vida sobre la muerte. El “se hizo carne” manifiesta el interés por la vida: su encarnación da cuenta de esto, su humanidad trasciende. Mi reconciliación está dada en su vida, nunca en su muerte. Su sangre derramada no me reconcilia más de lo que su sangre no derramada lo hizo en su andar en este planeta.

Así las cosas, la muerte en la cruz, no es sólo una parada de un dios que pone nuestros pecados en él; es, más bien, el tránsito donde se resalta mis errores que pasan por alto, donde muero sin morir. Y donde Dios prefiere el perdón y la resurrección de mis fallas. Porque, excompañero de estudio, para quienes creemos en la Resurrección, ésta es la evidencia fehaciente que la muerte no era el mensaje del Salvador. Que la muerte en la Cruz alcanzó su cenit cuando se nos concedió un perdón de Dios, pero que la vuelta a la vida  del Salvador, arremete contra ese dios justiciero, y lo sepulta, no en una tumba de resurrección, sino en una irremediablemente imposible de ser rescatada.


        1.  Los chimilas son una comunidad indígena. Su nombre, en su lengua, es Ette Ennaka. 

UN SACRIFICIO DESACRIFICADO

martes, enero 06, 2015

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En esa ocasión, amigo de lejanas tierras, leí Lucas 5: 33-34, y me encontré esto: "Algunos dijeron a Jesús: 'los seguidores de Juan, habitualmente, oran y ayunan; también los seguidores de los fariseos, pero los que te siguen a ti sólo comen y beben todo el tiempo'. Jesús les aclaró: '¿Pueden, cuando hay una boda, los invitados del novio dejar de comer, sobre todo si él está con ellos? Llegará el día en que el novio se les quitará; ahí tendrán que ayunar'".

Al analizar el texto, recordé que, por mucho tiempo, nos enseñaron que, para acceder y recibir cosas de Dios, había que hacer grandes sacrificios, grandes trabajos y grandes esfuerzos. Con base en estos, Dios respondía, y se argumentaba que, lo que recibiera, todavía era por Gracia. ¿Qué se hace ahí, estimado ex-pelilargo de mi cariño?


Siempre me pareció una contradicción entre mi 'gran esfuerzo'  para conseguir algo, y la respuesta de un Dios de Gracia que respondía según mi 'sacrificio'. Es decir, me cansaba de hacer una gran esfuerzo por alcanzar las nubes, y luego de mi gran salto hacia ellas -salto hecho por mí-, venían los restos de los demás a reclamarme que todo ocurrió por una Gracia que habitaba en las nubes.


Al contrario de todo esto, compañero de sentadillas en el gimnasio, Jesús, tomando la metáfora del novio, nos deja claro que, junto a él existe la posibilidad de disfrutar la vida, en una fiesta que él preparó, una promesa más allá de esta realidad, una Esperanza materializada y en contraste con la suerte de vida en este Más Acá.


Me puse a pensar en eso que dice Jesús: 'Llegará el día en que el novio se les quitará; ahí tendrán que ayunar'; y me pregunté: ¿Podrá el novio ser quitado? ¿Podrá irse y dejarme sin su compañía? ¿Tendré que llegar a ese punto donde mi 'sacrificio' -el ayuno (o cualquier otro sacrificio para estar cerca de Él)- sirva para menguar la angustia de no tenerlo cerca?


Repito: ¿Podrá el novio ser quitado de mi lado? Y encontré la respuesta dentro de mí, doctor de mis enfermedades humanas: No, Él nunca se iría de mi lado; Él lo hizo todo por  mí.

PAGAR EL PRECIO DE LO QUE NO PAGUÉ

sábado, abril 26, 2014

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He decidido no pagar más el precio. Venga y le explico, venga y le cuento qué creo ahora. Sí, claro, siéntese y escúcheme: he decidido no pagar más el precio.

La historia comenzó cuando aprendí, de muy buena gana, que aunque la salvación estaba disponible para todos, y que ésta se accedía a través de la fe, no era más que una quimera, y un aviso mortuorio de un quehacer infinito de cosas que nada tenían que ver con la Gracia.

Sí, claro, la Gracia: ese don inmerecido y que manifiesta la incapacidad del ser humano por estar cerca de Dios.  De eso, aprendí, qué era la Gracia. Creo que eso me lo entiende con facilidad, lo noto en su cara.

Sin embargo, luego de tomar la Gracia por la fuerza, y creer en el poder de la misma, me enseñaron que, de ahí en adelante, todo costaba: la unción, la gente, el discipulado, la vida, la familia conversa, la prosperidad, la estabilidad emocional, los dones, el ministerio. Y si bien, todas estas cosas no son fáciles de asir, me hicieron responsable, a punta de largas jornadas de oración y de lectura bíblica, la posible realización y consumación de éstas. Me hicieron un deudor a Dios por estas cosas, que yo lo pagaba a costilla de mí mismo. 

“Hay que pagar un precio”, me dijeron enfáticamente. Y yo pensé, tristemente, que mis 5 minutos sinceros y cortos de oración no eran suficientes para ser próspero. O que mi incapacidad de lectura comprensiva bíblica me hacía inmerecedor de lecturas acerca de Dios. ¡Oh no, por favor, no me haga ese gesto! Prometo terminar mejor.

Y entonces yo decidí pagar el precio de una unción, hacerlo porque había que hacerlo, porque Dios así trabajaba o, de esta forma, daba las cosas difíciles de la vida; porque, después de todo, lo más fácil era ser salvo.

Y cuando me estrellaba con una realidad donde mis oraciones nunca son absolutas para volar encima de las nubes, o las trasnochadas de adoración eran insuficientes para caminar encima del mar, o mis aprendizajes memorístico de Juan 3:16 no me alcanzaba para que mi sombra sanara la penumbra de los árboles, me di cuenta que no hay nada que yo pueda hacer para pagar algo que Él me ha dado por Gracia.

Si lo más fácil es ser salvo, como se dice por ahí, entonces, de ahí pa’bajo no hay algo que Jesús no haya cautivado y alcanzado por mí. Y que no le echen la culpa a mi improductivas oraciones tristes, o a mi voz desafinada en la adoración, o a mi miopía lectora de por qué no he conseguido otras cosas; porque pienso, después de todo, que hubo un Gran Precio que pagar –como de salto de aquí a la luna-, y Él lo hizo por mí.

Buenas noches, mientras se toma el café que le brindé.


PARÉNTESIS

lunes, febrero 03, 2014

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A la hermosa Libertad le doy la bienvenida a este blog. Ella es disléxica y suele quedar bien en las fotos. Pero no se deje engañar: es teóloga también. Hace algún tiempo le había hecho la invitación, y ella aceptó gustosa; sin embargo, en el camino perdimos el contacto. En estos últimos días, le dije, formalmente, que quisiera que ella volviera a escribir, y le dije que no había censuras de ningún tipo, que la idea es construir lo que no se haya construido, y que, quizás, ni siquiera nosotros mismos lo haríamos. Pero el intento vale la pena. 

He dicho que es disléxica y es cierto -eso dice ella-, y come empanadas con ají, por si alguien quiere pretenderla. Será, dentro de poco, ingeniera industrial. 
Le damos la bienvenida.

EL REINO VACÍO DE UN DIOS INAMOVIBLE

martes, enero 07, 2014

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“…porque de ellos es el Reino de los Cielos.”
Mateo 5:3

Las iglesias de nuestro medio han vivido siempre un constante seguimiento a cada moda espiritual que se aproxima. Hace algunos años, se ventilaban problemas acerca de los mensajes subliminales en toda cantidad de canciones, haciéndonos temerosos, incluso, de escuchar tontas canciones infantiles con el peso de que éstas tuvieran una alabanza indescifrable para el diablo. 

Luego vino la prosperidad. Y ahí se quedaron muchos: el miedo de lo que se no se da en cantidades monetarias, se traducía en una especie de maldición de un Dios interesado, sin duda, más en el dinero y en nuestros bolsillos que en nuestro corazón. 

Así, de rato en rato, las modas nos fueron llegando: la Escatología Bíblica, la Guerra Espiritual, la Sanidad Interior, etcétera, etcétera; según los requerimientos de los grandes referentes extranjeros, y nosotros con las sobras de lo que le sobra. 

UN ESPEJO DIFUSO EN LA IMAGEN DEL SALVADOR

lunes, diciembre 16, 2013

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«Aquella piedra que los edificadores les pareció desechar vino a ser la Piedra Angular, y es, al tiempo, una piedra de tropiezo y una roca que hace caer»

Primera carta de Pedro 2: 7-8



La  idea de parecernos a Jesús es un asunto que podría exceder nuestra comprensión. Yo considero que, parecernos al Señor, no se traduce como una alienación de seres con la misma manera de pensar y la misma forma de proceder frente a los procesos de la cotidianidad.  Para mí, sin lugar a dudas, parecerme a Jesús es parecerme al mejor modelo de mí mismo que Dios está dispuesto a formar.

No estriba todo esto en únicamente aprenderme los versículos de la felicidad y las canciones de Navidades alegres; ser como Jesús es ser yo mismo frente a mis propias limitaciones pero en su versión mejorada frente a la cotidianidad de la que hablé.

En este orden de ideas, parecernos a Jesús es, en el sentido estricto, una metáfora a nuestra humanidad, es un estándar inalcanzable en esta vida, teniendo en cuenta que él es el prohombre de la creación. Sin embargo, este prohombre nos muestra su humanidad desecha, y ahí, justo ahí, nuestros caminos se han cruzado y ahí podemos creer y confiar en Él.

VIENDO A DIOS

lunes, noviembre 25, 2013

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Como no hay espejos,
nos miramos las caras unos a otros para ver los frágiles que somos
y cómo vamos enfermando.
Danticat

He visto a Dios. Lo juro. Lo he visto tocarme, lo he visto sentarse a mi lado, lo he sentido cerca de mí. He visto al Jesús en el que creo: ese de la risa y el olvido1, el Jesús vivo, el de las acostadas tardes y las levantadas mañaneras.  He visto a Dios, lo sé. Y no lo vi cuando el predicador de turno me dijo, con aires de héroe épico, que cerrara lo ojos, que no lo viera a él, que mirara a Dios. No fue ahí cuando vi a Dios, porque me fue difícil mirar a Dios con los ojos cerrados y mi falta de imaginación, de vez en cuando.
Tampoco lo vi cuando muchos hablaban en Su nombre para darme bibliazos de moralidad cristiana, allá cuando mis fuerzas de la vida ya no daba un paso a la vez.

CARTA A UNA SEÑORITA EN SAN ISIDRO

jueves, agosto 29, 2013

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(paráfrasis)

Pero no le escribo por eso, esta carta se la envío…, me parece justo enterarla;

y porque me gusta escribir cartas, y tal vez porque llueve.


Cortázar


Me ha tocado mandarle esta carta, en vista de que nuestras vistas han sido escasas. Sí, ya sé que usted lidia con la Educación y eso requiere un esfuerzo mayor; sobre todo con esos niños que, uno no sabe, de dónde han salido. Puedo entender a plenitud su necesidad. Por eso le escribo esta carta, antes del mediodía, antes que el sol brille más y salgan las bestias defensoras de cosas que no hay que defender.

Aquella vez, no se lo he contado, ese compañero del colegio –a quien no veía hace tantos años, y cuyos pasos y voz me parecieron más lentos que mi recuerdo- seguía siguiéndome por todo el centro comercial. Yo ocupado en estar solo –ocupaciones trascendentales, ya me conoce- y él pisándome el ritmo de una conversación por la otrora vida. Pero me sorprendió con preguntas raras que hace la gente cuando uno ha olvidado el pasado, o cuando uno pretende que nunca existió y lo llena con memorias de hoy, que pueden ser más agradables; esos pensamientos de tolerancia y de aceptación que ahora arraigamos intentando y pretendiendo ser ‘los mejores’: “¿Todavía estás en eso del Cristianismo?”, me preguntó como quien guarda la esperanza de que haya sido una historia pasada.

UNA VERDAD A MEDIAS

martes, julio 23, 2013

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“Y contestándole Jesús le dijo: no puede nadie ir al Padre sino es a través de mí;
porque yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”
Juan 14:6

El hombre es un buscador de una verdad. Somos insistentes en buscar sentido a la realidad que vivimos. La Humanidad no cesa de encontrar pequeños aciertos que se constituyen en centro de su andar. Claro, estos aciertos no son la Verdad. Quizás son parte de la misma pero no es aquella que predomina de absolutismo. Mi verdad, por tanto, no es la verdad de aquel que no ha vivido en el calor inclemente de esta ciudad, o no ha visto un monocuco o una marimonda. Nuestras verdades distan, pero esto resulta por el afán de entender el porqué de nuestra existencia, de nuestro paso por esta tierra.
No obstante, la verdad no es la Verdad. La Verdad es abarcable, cognoscible, insuperable desde nuestro quehacer como seres humanos. Y es, al mismo tiempo, debido a las deficiencias de la misma, inabarcable e incognoscible porque no podríamos entender más allá de lo que Él mismo quisiera enseñarnos. Mi verdad no es la Verdad. Jesús como Verdad absoluta no puede ser envuelto en verdades a medias, a destellos de saberes, a pequeños componentes de realidad. Porque, también, nuestra realidad no es esa Realidad: inmarcesible, intachable, indescifrable. Y que nosotros –porque es la razón humana- minamos un camino de aciertos cortos, uno pegado al otro, uno mejor que el otro, como si la suma de éstos pudiera componer esa Verdad. Este Jesús cognoscible y abarcable se da en la medida de estas insuficiencias de limitación; así lo vemos, así lo vivimos.

LA MALDICIÓN DE LA LEY: RELIGIOSOS

lunes, junio 24, 2013

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 (pausa requerida)
“… Si yo expulso a los demonios por medio de Beelzebú,
 ¿los seguidores de ustedes por medio de quién los expulsan?” 
Lucas 11:19

     El gran problema de la humanidad es añadir más de lo que le piden, en un asunto tan vital como la salvación. Entonces viene aquél y el otro a decir que quienes no piensan como ellos es porque están cobijados por los demonios del infierno, y que el averno inspiró palabras para argumentar el libertinaje, acusando a más de uno –incluyéndome- de católicos reverentes en las libertades que, venido Cristo a nosotros, nos permite vivir.
       Y me suena a mí, reprendido con vehemencia por esos, que su religión de medioevo –o mediopelo, al caso es lo mismo- no les permite la autonomía mental para decidir claramente qué quieren o no en la vida. Y aunque su afán, supongo yo, responde a buenas intenciones, éstas no son del todo satisfactorias cuando de la ley se trata. Y, sin duda, por esconder las incapacidades de los requerimientos que nos exige la Santidad de Dios, terminamos recurriendo al maniqueo absurdo de lo que es bueno y malo; claro, siempre para el otro.
     Por ello, recuerdo las palabras de Charles Stanley cuando dice que la Santidad de Dios no se llena con hacer cosas, porque se minimiza ésta mientras se aumentan mis derechos morales. Y que la inclusión de la santidad del hombre, dentro de la Salvación, es restarle el énfasis al Creador. ¿Para qué carajos, entonces, murió Jesús? ¿Para qué si todo el tiempo de vida que me falta estaré en la penumbra incómoda de no saber para qué me sirve si tengo que aportar algo que, en definitiva, no contribuye a un Dios iracundo y tirador de rayos griegos?
        Si hay algo que dejó la ley, y el nuevo testamento descarga pródigamente, es una suerte de gente que no conocía a Dios, y les tocó recurrir a la penosa religión como único medio de supervivencia humana. Claro, digo conocer como si, de alguna forma, pudiéramos desde lo finito explicar lo infinito. Una religión que, desde este lado del trópico, no se ha podido quitar completamente, ni siquiera con cuatro idas a las playas de Salgar.

LA MALDICIÓN DE LA LEY: SANTIDAD

sábado, enero 26, 2013

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“Si pudieras ser el peor enemigo de Dios o nada, ¿qué elegirías?”

Chuck Palahniuk, El Club de la Pelea




Entonces, yo lo tenía de frente, y él, con buena intención, me preguntaba que qué hacíamos, pues, con ese requerimiento de Dios de ser santos como él lo es. Y yo le respondí con dos o tres cosas que creo. Sin embargo, en la oscura noche (oscura de pensamientos) iba pensando que, sin duda, es más fácil para alguien con un páncreas sano decirle al insulinodependiente que coma, con desparpajo, dulces. Que es más fácil para quien tiene dinero decirle al pobre que sea rico. Que es más fácil para el escritor decir al analfabeta que escriba. Y es más fácil, claro está, para Dios, tan lleno de inmutabilidad, de santidad y de perfección, que yo lo sea. Dios, sin sombra de mancha y marcador único de lo que es sagrado, nos impone la carga inútil e imposible de la Santidad.


Y el libro de Levíticos lo anuncia inclementemente: "Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios"1; y los cristianos hicimos nuestro un mandamiento que no lo era. Asumimos que si Dios lo ordenaba era común para todos aquellos a quienes intentamos tener comunión con Él. Y no fue así. Al vernos, en estos menesteres, cambiamos el sentido substancial de las palabras, y comenzamos a creer que la Santidad redunda en las cosas que hago o dejo de hacer, lo que visto o desnudo, lo que hablo o callo; en una suerte infinita de contrariedades y desigualdades, en donde se imponen cargas que ni siquiera podemos llevar2.


Y sé tajantemente que la Santidad de Dios le impide a Él mismo tener un margen menor para acercarse al Hombre; en otras palabras, es inútil lo que intentemos, por obra, para estar cerca del Creador, sobre todo porque la única vida que le podría agradar es la de Él.


Así las cosas, aquél  -el de la buena intención- me pregunta que qué hacemos con ese mandamiento que nos da el versículo. Y yo pienso que nada. Que es ineficaz, que es mal interpretado. Que está por encima de nuestras obras. Que es la Ley. Es el sano que le dice al enfermo que no lo sea, es el letrado que obliga a leer a quien no ha visto letras, el oyente que le grita palabras al sordo, el Dios inmarcesible que reclama a una Humanidad atrofiada.



Aun así, lo que traducimos en nuestra mente como un mandamiento, a mí me suena como un regalo genuino de lo que Jesús hizo por nosotros. “Sean santos porque Él es santo”, nos dicen en la aporía. “Sean santos” dice Dios, y no me suena a mandamiento. Lo escucho, lo sé, lo siento, como una propuesta de creación profunda que el Hombre no puede lograr3. Lo veo como un regalo invariable en nuestro ser, es el anuncio de lo que se origina en el interior. “Sean santos”, dice Él porque sabe que no podríamos serlo sin que lo ordenara por medio de sus labios. Y lo somos, lo escucho dentro de mí,  lo sé. Él lo anunció y Cristo, estándar de lo sagrado, hace el resto. 




 1.   Levíticos 19:2     

 2.  Lucas 11:46 
 3.  Así como Dios ordena cosas por medio de su Palabra, según el relato del Génesis (Por ej.: 1:3), así creo que este versículo, en La Gracia, es imperativo a nuestro Hombre Interior, y que ocurre algo que está fuera de la lógica y del poder del Hombre: Jesús clonado en cada uno de nosotros

PREÁMBULO iGLESIA CON PUERTAS

lunes, abril 09, 2012

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" Me molesta la gente sin criterio, que desde sus descriteriadas vidas, se refieren a mi como una mujer sin criterio. Gracias a Dios puedo jactarme que nunca los vi en Iglesia, porque sus taras mentales no les permite ver más allá de la iglesia. Yo los seguiré observando desde la Iglesia, la NUNCA he abandonado y que NUNCA abandonaré, pues es imposible abandonarla, aunque se quiera, aunque se intente... si entendieran este simple algoritmo harían menos el ridículo.. ."

Ayer tuve la oportunidad de conversar con un hombre que al parecer no tiene a Dios en su corazón, hay evidencias orales y susceptibles a la confirmación, que es un ser fastidioso y extremadamente resentido, todo el tiempo habla mal de la iglesia, por tal motivo resulta no siendo una buena compañía; otras personas alegan que se han alejado de Dios por su culpa. Con ese señor converso todos los días, su compañía me ha resultado favorable, muchos de los que pensaban en mi como una mujer con criterios claros, hoy me ven como una mujer afanada y a arrollada por pasiones, quien se ha dejado llevar por las ideas de este desagradable señor, y ha dejado de dar muestras de su amor y pertenencia a la Iglesia de Jesucristo. No obstante, más allá de los pertinentes comentarios de estas honorables personas y santísimos miembros del Cuerpo de Cristo, mi poco y ya casi nulo criterio, me lleva a un espacio de reflexión interna, pasando por la co-reflexión y trayendo mi vivencia en este blog en donde piso la hetero-reflexión, en busca de repetir el ciclo y parir nuevas ideas.
¿Por qué no voy a la iglesia?, ¿Me ha robado el criterio el fulano señor? ¿ he enfriado mi vida espiritual? ¿ Volví al charco? ¿ Volví al vómito? La deliberación es un derecho que adquiere usted al entrar a este blog, yo lo obtuve desde que acepté la invitación de otro hombre no tan honorable miembro de la iglesia.
Abriré el debate citando al apóstol Pablo en su carta a los Corintios, invitando a la reflexión, a la inferencia de la respuesta que puedo dar a las preguntas citadas anteriormente, pero sobretodo invito a los que han lazado su veneno sobre mi, que lo sigan haciendo, para poder jactarme de la conciencia que tengo de su miseria, de sus taras mentales y de lo mucho que les va costar entender la Iglesia fuera de la iglesia. Menos mal y tiene puertas, menos mal pude salir.

"9 Por carta ya les he dicho que no se relacionen con personas inmorales.10 Por supuesto, no me refería a la gente inmoral de este mundo, ni a los avaros, estafadores o idólatras. En tal caso, tendrían ustedes que salirse de este mundo.11 Pero en esta carta quiero aclararles que no deben relacionarse con nadie que, llamándose hermano, sea inmoral o avaro, idólatra, calumniador, borracho o estafador. Con tal persona ni siquiera deben juntarse para comer.
12 ¿Acaso me toca a mí juzgar a los de afuera? ¿No son ustedes los que deben juzgar a los de adentro?13 Dios juzgará a los de afuera. «Expulsen al malvado de entre ustedes.! 1 CORINTIOS 5 9-13