RUEGO DE LA OVEJA PERDIDA

sábado, junio 09, 2018

0 comentarios

«De esforzar tus palabras, tu amor, ¿para qué? Si aun así te vas».
Canción desesperada

Porque bajo la promesa de sus palabras, yo esperé. Esperé en medio del valle de muerte y esperé en alguna que otra pradera. “Nada me faltaría”, dije pensando en el buen pastor que daba su vida por mí; el buen pastor que deja a las 99 y va a mi encuentro. Quien adereza mesa delante de mí en la cara de mis angustiadores.

Porque yo me creí esa una que huye, se pierde, se descarrila del camino, y espera a que el pastor llegue a su encuentro. Yo me identifiqué como esa una extraviada del redil y que caminó sin rumbo fijo… y ahora espero que el pastor me busque como dijo que lo haría.

Yo he sido esa una restante por el que Él va al encuentro.

Pero no lo veo ni en el horizonte, ni en la cercanía, ni en las estaciones de la vida, ni en la aurora diaria. No lo veo aunque lo espero, no lo veo a lo lejos, detrás de un árbol, esperando el asalto para la sorpresa de que siempre ha estado allí. No lo veo bajo el cielo donde todo es nuevo bajo él. Mis ojos no lo ven escalando las montañas que nos separan, ni el muro que prometió derrumbar.

Pero me he puesto a pensar que tal vez no sea esa una oveja que se pierde, sino que estoy entre esa multitud de noventa y nueve que no parecen darse cuenta de que algo falta. ¿Y si estoy entre esas 99 y por eso no ha venido a mi mirada? ¿Dónde estás, Pastor de las 99? Dejaste a las 99 por buscar una. Aquí estoy, aquí estamos, unos juntos a otros, hombros con hombros. Nos creemos seguros sin ti, hasta que nos damos cuenta de tu ausencia. ¿Con quién nos dejaste para buscar a la que falta? ¿Por qué no nos llevaste contigo? ¿Dónde estás cuando no estás?*




*Valzura, E. 

ADVERSARIO

martes, agosto 22, 2017

0 comentarios




Pensar en un mundo espiritual... Me cuesta tanto entenderlo y comprenderlo.
A pesar de ser Teóloga, siempre he tenido la idea de que solamente existe el lado del bien, ese lado bueno de Dios donde todo está plagado de cánticos, de alabanzas y de paz.
Nunca me he imaginado el lugar opuesto, el negativo; del que pocos nos atrevemos a hablar. En mi posición, siempre le he visto el lado bueno a la humanidad y pienso que no hay nivel de maldad cercano a mí por el tipo de personas que me rodean, que siempre tienen una buena intención y que los caracteriza la confianza que depositan en la creencia de que hay aun en este mundo un ápice de bondad. Por esta razón me cuesta entender el lado del adversario, del malo, del que quiere dañar.

Refiriéndome a mi experiencia de vida, siempre tuve a mi lado una madre que me hizo ver a Dios como el padre bondadoso y no castigador, que me mostró el lado más sublime del propósito del existir de este mundo, pero que a su vez me enseñó el escepticismo para mirar el lado espiritual negativo; siempre me dio una idea de que el mal habita en los sentimientos oscuros de algunos seres humanos, pero que esto nunca se materializaba en forma de fantasmas o duendes de cuento. Ahora que he tenido que comerme una cantidad de información teológica, de estudiar tanto para llegar a entender un poco este rollo largo que es Dios, la espiritualidad y la humanidad;  jugando un papel que proyecta el fin por el cual se creó la vida, he llegado a la conclusión de que detrás de este telón que es el batallar diario en esta tierra, sí hay un hoyo negro que quiere succionar la espiritualidad positiva.

Y la ciencia, ¿Lo avala la ciencia? Lo desconoce la ciencia. ¿Y la religión? Muchas también lo niegan o lo transforman el algo más lógico. En mi caso, mi creencia desconoce un 70% de ese lado sobrenatural negativo que tiene todo este cuento en donde mal y bien pelean teniendo al ser humano en medio.

Aunque he preferido creer en ese ápice de bondad terrenal en la que creen los míos, no puedo desconocer que algo negativo ejerce poder en el mundo y en la humanidad. Prefiero seguirle dando la espalda a ese pasadizo oculto que quiere descubrir la teología liberal. Quiero creer en que las nuevas generaciones van a tener una mentalidad más consciente frente al cuidado de la vida desde todo punto de vista; tengo la confianza de que ahora hay personas tan buenas como lo fue mi abuela, que hay mujeres tan entregadas e intachables como mi madre y que hay hombres honestos que quieren gobernar con equidad y que no quieren hacer la guerra. Que la maldad es un cuento de hadas y que quiero mimetizar esa forma sagrada que mi madre me inculcó al verla cómo respetaba la integridad de las personas a su alrededor. Quiero ser mejor, quiero ser ese ser humano que no se autodestruye y que entiende que en algún lugar del universo hay un creador que me hizo para el buen propósito de entregar luz.

 “Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación.” 
 Habacuc 3:17-18  Biblia Reina-Valera 1960 (RVR1960)

Lejos donde caen los valientes

domingo, octubre 16, 2016

1 comentarios
Me había dicho que la vida le dolía: “me duele la vida”, fueron sus palabras, queridos amigos, y sé qué es que la vida duela. Y duele porque se nos agotaron las esperanzas sobre el nochero. Se nos inundó el cuarto de las aguas de la ausencia. Sí, porque fue una Ausencia lo que se aproximó; es una especie de Dios que se aísla y que se manifiesta con Presenciasausenciaspresencias. La vida le duele. Y también le arde. Le arde abrasada por las sin respuestas del Más Allá; le arde sobre el tejado de los porqué; encima de los dolores naturales de las enfermedades. Le arde y no hemos encontrado la cura para la quemada vacía.

Amigos, a mi amigo le duele la vida. Y no es algo que hemos podido superar. A él le duele, a mí, al resto, a los demás. Nos duele porque no nos alcanzó el versículo memorizado para pelear en contra de las sinrazones. Y nos duele, mucho más, con las esperanzas falsas que nos vendieron que no pretendían mostrarnos a Jesús.

Porque a este Jesús, estimados, también le dolió su vida sobre el Jardín hacia la Muerte. Un llanto seco de “pasa de mí esta copa”, mientras caían las lágrimas de sangre desde la frente. Y no han pasado las copas del sufrimiento por existir, ni allá lejos, donde caen los valientes y los cobardes, ni aquí, donde el interior se debate entre la vida y la muerte.

"Me duele la vida", me dijo una vez, y no tuve respuestas, ni humanas ni teológicas para consolar lo inconsolable: una vida que duele.

"Me duele la vida", y no sé cómo se hace para que la gente no le duela los pasos sobre el camino.


"Me duele la vida", y yo lo entiendo porque sé qué es eso, en mi vida, en las calurosas mañanas de Barranquilla.